Botella a la deriva
Miré tu fotografía, y frente al ordenador por una innumerable vez hice un recuento de mis arrepentimientos. ¡Bah! Ojalá y arrepentirse sirviera de algo, ojalá y arrepentirme día con día te trajera aquí, junto a mi. ¿Por qué el ser humano se aferra a lo imposible?
¡Oh, cariño! He vivido aferrada a tu recuerdo más de tres otoños. Ese recuerdo que me sabe a hiel cuando miro por la ventana y la lluvia se aferra al cristal, y después ya no sé si está lloviendo afuera o adentro. Hay días en los que ni siquiera te recuerdo, pero igual sé que estás ahí. Hay otros tantos en los que me ahogo en el mar que nos separa. Me ahogan los recuerdos, me ahogan los lugares que me gritan tu ausencia, en los que estuviste y yo no, no quise estar.
Y la incesante nostalgia. ¿Qué hago con ella, cariño mío? ¿Te la puedo regalar? Si apeteces te la envío en una botella a través del mar. Te envío también los besos que no te di, la caricia que acomodaría tu ceja, mis dedos repasando tu rostro, la mirada de aquel día, tu nombre, aquel trozo de papel, tu perseverancia y mi insensatez. Te envío aquella despedida en el aeropuerto que nunca ocurrió, la que he imaginado más de mil veces; te envío aquel cálido día en el que nos conocimos. Te envío todo esto porque yo...ya no puedo más, ya he tenido suficiente de tu hermoso recuerdo que a veces me saca a flote y otros me hunde hasta lo más profundo.
Ya sé, no me lo digas; todo eso no cabrá en una botella, pero te lo envío de todas formas, porque más que una botella a la deriva, es una tregua para mi corazón.
maktub

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